No hay gloria sin sufrimiento

Publicado el Viernes, 6 abril 2012 a las 18:40 horas.
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Los voceros de la derecha pregonan, y ya es un dicho común, que quienes defendemos los intereses de los trabajadores somos dignos de recibir la aplicación fulminante de la ley de vagos y maleantes. Que no damos un palo al agua, vamos.


No estamos en guerra. Al menos no ha habido una declaración como tal en ningún momento, que se sepa. El ataque es desde siempre y lo único inquietante es que, poco a poco, va calando; con lo que la progresión exponencial de adeptos a la idea podría llegar a ser mayoría en los próximos quinientos millones de años.

Ahora en serio: El problema del fascismo es el necesario reconocimiento popular, lo que le lleva a buscar vericuetos con los que ser parte del pueblo, de las conversaciones de taberna, de las discusiones en torno a la doble de papas y la cervecita.

La última ocurrencia, en este sentido, es la convocatoria de una gran, multitudinaria, histórica, manifestación contra los sindicatos CCOO y UGT. Los anónimos promotores se esfuerzan (POCO) en declarar de antemano y durante buena parte de la pastoral el carácter apolítico, sin filiación, de esta iniciativa.

Llaman a todos aquellos que estén jartos de ésta que denominan dictadura sindical a unirse en singular cruzada, en las principales ciudades de España. Además, buscan a pringaos en todas esas ciudades, dispuestos a dar un paso al frente para organizar el cotarro. Casi nada.

Desprecian, los parientes (de parir) de esta idea (parida) que lo que llaman dictadura sindical de los sindicatos mayoritarios de este país es el fruto de la elección más directa y democrática que existe y que, probablemente, existirá jamás. Un delegado sindical es un trabajador que da un paso al frente; frente al empresario y, a veces, frente a sus compañeros. Cualquiera puede hacerlo. Y siempre es elegido por sus compañeros de trabajo con los que, salvo en muy grandes empresas, trabaja codo con codo, a diario.

CCOO y UGT son los que más delegados tienen, obtenidos de a uno en un proceso abierto a cualquier organización sindical o agrupación independiente de trabajadores dispuestos a convencer, de a uno, a los trabajadores de cada una de las empresas y centros de trabajo en los que se celebran elecciones sindicales. Así es. Casi nada.

En el caso de las manifestaciones y otros saraos de tipo procesional, el esfuerzo necesario es el que se puede intuir, a poca sesera que se tenga, para convencer a cientos de miles con los que vestir las calles de España de reivindicación y protesta.

A ese escenario se llega tras el debate en los órganos democráticos, desde la base a la cúpula, y/o viceversa. Pero de ahí sólo sale la idea, la parida en este caso que nos ocupa. Luego hay que trasladarla al populacho, poco dado a la movilización o a dar ni un solo gramo de su alma o de su escaso tiempo, aún cuando el mensaje y/o el objetivo a conseguir sean claros y justificados.

Y esto hay que hacerlo con el famoso método puerta a puerta. En cada centro de trabajo, en la calle, en los medios de comunicación, en cada esquina.

No es suficiente tener el viento a favor de los medios de comunicación, voceros de la derecha. Ni siquiera es suficiente la repercusión mediática que puede llegar a tener la convocatoria y el trato de favor, en su caso, con respecto a la de la huelga general u otras reivindicaciones justas de la clase trabajadora.

Por otro lado, ¿qué es lo que se pretende conseguir? Leido el manifiesto, parece que el único fin de esta movilización es la movilización en sí misma. Parece que el único resultado que se busca es un titular de prensa que diga cuántos millones de españoles han perdido el juicio siguiendo a estos anónimos. ¿En caso de éxito se quitarían la máscara?

En caso de éxito, ¿cuál sería el siguiente movimiento? ¿Invalidar los resultados de las elecciones sindicales? Dictadura, dicen…

Desprecian estos pacatos todo esto porque, entre otras cuestiones, la premisa de partida para esta argumentación es falsa. Hacer labor sindical es duro. Hay que trabajar mucho más de lo que se afirma alegremente, incluso para compensar la falta de compromiso con el esfuerzo de algún compañero, como en todas partes. Desprecian que no hay gloria sin esfuerzo y, siendo viernes santo, se podría decir que tampoco sin sufrimiento.

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